lunes, 23 de mayo de 2011

¿POESÍA PARA UN NUEVO TIEMPO? por FRANCISCO BASALLOTE


 Sobre LA VIDA NUEVA de EDUARDO GARCÍA,
VI Premio de Poesía “ FRAY LUÍS DE LEÓN”.DIPUTACIÓN DE CUENCA . VISOR. MADRID, 2008


No cabe duda que uno de los indicadores mas claros de todo cambio social es la respuesta del arte a los estímulos que producen el ansia infinita del hombre de renovarse, y en la proa de esa aventura, como mascarón, va siempre la poesía abriendo los surcos  de ese mar incógnito

Muchos predicadores del orden nuevo llevan durante mucho tiempo lanzando sus señales y mensajes de salvación para la poesía, apostrofando lo que consideran caduco en lo que con toda claridad denomina Eduardo García “poética de la normalidad”, caracterizada entre otras cosas por la unidad temática, contra la que por cierto clamaba un eximio crítico oportunamente criticado en estas páginas por Joaquín Márquez.

Ungido de ese carisma de fundador de un nuevo tiempo y contra esa “vieja normalidad”, presenta al mundo este poemario La vida nueva, ganador “ex aequo” con Manuel Vilas, del VI Premio de Poesía “Fray Luís de León” de la Diputación de Cuenca concedido por un Jurado presidido por J .Manuel Caballero Bonald y constituido por Luís García Montero, Benjamín Prado, Jesús García Sánchez y Marta Segarra...

Es pues este poemario, según el propio autor, lo contrario de lo que se considera normal. Dilo él y no seremos nosotros nadie para oponernos a tan categórica definición. Dice también, refiriéndose a los libros “normales”: “… Libros que dialogan con otros libros, en una fantasía consoladora de un yo marmóreo, sólido, sin fisuras. Opuesto ha sido el propósito de este poemario, donde se indaga en la auténtica vivencia interior del fragmentado sujeto contemporáneo: un libro que dialoga con la vida”

Desde la perplejidad del lector que después de internarse en el poemario con el “salacot” del explorador y la lupa del investigador en busca no de la “diferencia”, que eso quedó atrás, sino de lo opuesto a lo “normal”, no hace sino encontrar la temática poética universal: la búsqueda atormentada del yo en todos los senderos desde la bajada a los infiernos hasta la exaltación máxima, el tiempo, el amor, la muerte, nada que no ocurra eternamente en la poesía, sea vieja o nueva.

Consta el libro de cinco partes y un poema introductorio. En el primer poema de la primera parte titulado, al igual que la misma, Invitación al viaje nos dice : “ Lo más urgente es encontrar/ un charco de agua clara/ en donde se reflejen nuestros rasgos.” es decir reconocerse, el primer escalón del descubrimiento personal, y en el poemario el primer paso de este viaje iniciático para el que es preciso la propia limpieza, ascética dirían algunos, : “Desnúdate el hastío, la costumbre/ Limpia tu piel…”, como paso previo a una aurora“ con sus dos alas blancas/ inaugurando el día, acariciando/ tanta vida ya a punto de brotar”, en la que …”para incendiarse a un tiempo, hombre y mujer, sembrar la tierra/ de llamas, como ráfagas de lluvia.” 

En la segunda parte, Resplandor,  intenta desprenderse de cuanto le impide ver y alcanzar la luz, el nuevo tiempo: “…arranco raíces, podo la vieja rama,/ arrojo al fuego el miedo y la costumbre…” afirmando contundentemente su voluntad de búsqueda: “Yo solo vine a ver brotar/ mi casa en el desierto.”  para lo que  “ …me crezco en el goce de estar vivo,/ derrochando mis fuerzas sin medida…”

En la tercera parte, Romper aguas, nos dice que para este resurgir hay que liberarse de la máscara: “Yo no soy quien tú crees.”, de lo putrefacto: “Se ha instalado en mi vida la carcoma”, “ascender, remontar, aferrarse a la soga”, y  “Atravesar la oscuridad / por amor a la luz…”. Es decir todo un programa de ascetismo.

En la cuarta parte “Amanece”, se abre paso la aurora pretendida, aquel viejo verso de Teresa: “tan alta vida espero.” se hace realidad en los poemas de esta parte, donde “…Respira en mi interior/ un hueco que se expande, una hendidura/ abierta entre el desierto y las mareas/…/ Quizás por eso/ amo tanto la linde entre tus labios/ la húmeda fisura de tu vientre….”

Y termina en La vida nueva, con los mas hermosos poemas del libro, en los que se canta “…las muchachas se ofrecen la brisa estremeciendo las palmeras/ la música convoca oráculos remotos…” y en ese nuevo estar dice: “…ahora sí ya podemos/ al alba sonreír como deslumbra en la manzana/ su frágil resplandor…”.

Llegado a este punto hemos de reiterar nuestro escepticismo ante la pose de un renacer poético, de una refundación, de un nuevo modo de escribir los libros, en la carencia de unidad temática, en la abjuración de lo viejo. Y al mismo tiempo reconocer en la unidad no sólo temática sino filosófica de La Vida Nueva, un impulso, una energía pujante, una búsqueda, que se manifiesta, eso sí, en un lenguaje nuevo; mas no carente de la emoción que requiere toda poesía. Creo, de nuevo, que estamos no ante una nueva poesía, sino ante el descubrimiento de un nuevo camino, que es lo que siempre ha sido la poesía…

LA VIDA NUEVA
EDUARDO GARCÍA
VI PREMIO DE POESÍA FRAY LUIS DE LEÓN
EDITA: VISOR 



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